Debería

Afirmar que no, que no te extraño…

Sostener la distancia con soltura y ecuanimidad perpetua…

No guardar silencios en donde mi semblante se vuelve azul…

Dejar de contar los días, hacértelo más fácil…

No estar escribiendo esto, dormirme sin dolor…

Dejar de enviarte mensajes en el viento, jurar que ya estoy bien…

Cantar canciones felices, anestesiar mi corazón, maquillar mis ojeras, no bajar la mirada para respirar profundo…

Olvidarte y convencerme que no te amo más, dejar de buscarte mientras manejo las calles…

Debería… Pero sería mentira… No desear ya un abrazo tuyo.

Guardo silencio, cierro los ojos, lágrimas, exhalo despacito, inhalo profundo… Pidiendo solo una cosa… Tiempo: vuela, por favor y tráeme un corazón.

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amor

Julio.

Fue en junio, fue sábado por la noche, una noche tal vez como esta, después del teatro por su puesto, tenía frío como ahora mismo, también quería un cigarro, aquella noche tú me lo conseguiste y pagaste la cerveza. Dos noches después de aquella perdí el apetito, la calma, el sueño, los parpadeos, escribía, miraba al océano frente a mi alterarse con un atardecer de telón de fondo.

Corrí hacia ese océano y me sumergí sin piedad, pensando que sabía nadar, confiando en que me saldrían escamas… Comenzó el viaje que arranqué con ojos y brazos abiertos, ninguna piel como la tuya, ningún movimiento como el tuyo, ninguna danza como la que nació de ti con mis ojos, que seguían sin poder parpadear, terror de perderse un gesto, un giro, un suspiro, mi corazón se tejió con esa música, a través de esa lente, a ese cuerpo moviéndose por los espacios impulsado por tu alma, caíamos en el abismo debajo de ese mar salado, pasión inigualable acompasada, incendio, vida-muerte…

Hoy, no se respirar, se acabó el pacto, no fue sencillo nunca. Caída a solas, busco el agua para poder respirar, se secó el mar, se resecó el alma, el cerebro no entendió nada, pasmado el corazón…

Grito pidiendo ayuda en un pasillo largo, angosto, alto, oscuro… cierro los ojos, parpadeo largo, espero que mis pies sigan recordando torpemente cómo caminaban, bendigo a mis gatos, sus miradas silenciosas, su compañía en las noches en blanco. Qué difícil deshacerse del anhelo.

Siempre será tuya una parte de mi, lo sepas o no.

China.

La Locura 4

15.07.17 20:15 hs sábado

Dualidad, vida – muerte, una y otra vez.

Ver la muerte transitando la vida, confundiéndolas, no poder distinguir cuál es cuál, quién está vivo y quién no, respirar en vida tomándole el tiempo a la muerte, caminar la vida imaginando el tiempo del fin… ¿el final? como si supiéramos dónde está o si realmente existe, todo en realidad está escrito entre signos de interrogación, comenzando por la palabra “realidad”.

Aquel que pareciera morir vive más que los vivos que le rodean monitoreandole los pulsos, una locura.

Espacios en blanco, desesperación\desesperanza, y la vida cagada de risa se va por la tarja, nadie la toma con sus manos, solo escucha los lamentos, muerta solo está la creatividad o la apertura para resignificar.

La espera, siempre la espera, aunque no exista en realidad, aunque no entendamos que es solo una estación para subirse a otro tren de esos que pasan cada media hora.

La muerte, los finales, son parte de la vida… aunque uno no decida cuándo lleguen, mientras no toquen la puerta, pues…

V.

De vuelta al Camino

24 horas de recorrido apenas.

Agradezco estar donde estoy, agradezco una casa, un refugio, una red de seguridad, agradezco hoy 24 corazones que palpitan en este mismo barco, corazones rotos, vibrantes, empapados, navegantes, corazones asustados y hechos mierda como el mío. Agradezco también esos que fuera de esta casa me sostienen con su apoyo, sus mensajes y su amor manifiesto.

La casa de la magia es la que habito, en donde, como en la vida, cada vuelta será una sorpresa, un encuentro, un quiebre; mirar de frente mi armadura que me he esmerado tanto en pulir cada noche, con cada batalla inútil e implacable, con cada reclamo, cada grito de dolor, con cada golpe dado y recibido… Y con su ayuda, encontrar la forma de desarmarla, desecharla.

Cada lágrima derramada hoy, desde el valor descarado de mirarme y mirar a los otros mirándome, mirarlos  reconociendo mi testaruda humanidad con una sonrisa amorosa, restaura un poco mi corazón roto, o tal vez no, tal vez solo recupera mi dignidad, me limpia el espejo para volver a mirarme y reconocerme… 

Mirar mi ternura espontánea por la fractura del otro “tan lejano” pero que ahora es mío, tan pronto, tan solo en 24 horas… Y horas después sentir que ese mismo sostiene mi mano bien fuerte al fracturarme yo, y reír, porque no hay palabras posibles, sólo una risa sincera empapada en llanto. La risa y el llanto comparten frontera, con nariz o sin nariz de clown.

La humanidad… La hermosa humanidad tan dolida, tantos niños dolidos reclamando amor en cuerpos adultos, anhelando con tanta rabia ser felices, aferrándonos con tanta fuerza a estar vivos a como dé lugar, necesitando tan solo que alguien nos mire, nos mire de verdad, nos miren el alma, o que alguien nos enseñe a dejarnos ver el alma sin miedo a que nos destrocen.

Volví a este camino, donde se trata de mirar y mirarse, de dejarse mirar la verdad, así… Volví con uno de mis amorosos Maestros, me está cuidando, él y los otros 23 corazones… Porque sí, quiero que me cuiden. Quiero esta ternura también. 

Quiero que esta humanidad , esta diversa, generosa, masculina y femenina humanidad, me enseñe a recibir.

V.

La locura 3

Llegó el silencio. La inapetencia. Los ojos sin abrir, derramando sutiles gotas de agua.

El agua sale, poca entra. Yo misma me sorprendo de mis lágrimas al mirarlo marchitarse.

1 de mayo número 93, ya no hay demencia manifiesta, ni movimiento, ni ojos azules abiertos.

¿Estertor? 

Ayer y hoy la luz del ocaso se paseó por su habitación acariciandole el cuerpo con su luz naranja…

Nos sostiene el humor, negro, porque así somos, así nos salvamos.

Miramos la transmisión de una vida, postrada, en vivo, ¿vivo?, silente, misterioso, amarillo, agotado, adolorido y sí, vivo.

La señora de la panadería, a quien le compró diario a las 9 am durante años, reconoció a su nieta en mí y esta mañana con miedo me pregunto por él… las dos ocultamos una lágrima después de mi respuesta. Por alguna extraña razón le fui a comprar su polvorón aunque no lo pueda comer.

Rendición, mucho de la vida es aprender a rendirse… Soltar, dejar y dejarse partir… 

La Locura 2

La luz de las 8 am filtrada por las persianas cerradas, entraba sin dibujar líneas en la vieja alfombra de tonos marrón del cuarto, habitación desde donde ya es costumbre, desde hace un año, querer huir para “ir a casa” esa casa que buscan los que están por morir. Estar en casa y querer ir a casa… Tal vez querer despertar del doble sueño.

A un costado de la cama destendida, una silla-escusado, él ahí recién cambiado de su pijama empapada y frente a él su andadera roja usada para cubrirlo con una cobija, el pudor ha sido algo que ni la demencia ha hecho desvanecer… a la mano su campana, siempre la campana salva vidas, a escaso metro y medio yo sentada en su reposet con las piernas recogidas en mi pecho, mirándolo sumida en el silencio más respirado, observándolo, preguntándome otra vez qué habitara el interior de aquel hombre que cada vez siento más lejos, que amanece particularmente apagado hoy. Mira de frente pero no mira nada que yo pueda ver, sus ojos azules acompañan su pensamiento perdiéndose en cualquier cosa, sin hacer un solo ruido lo miro, baja la mirada, baja el rostro totalmente envejecido, delgado y vuelve la expresión de tristeza, mis cejas se levantan, se escapa una lágrima por mi ojo derecho sin preguntarme si quiera, otra por mi ojo izquierdo.

La luz tenue filtrada por la persiana, la televisión sonando una vieja canción clásica, el alma azul en otro episodio de extravío, su mano derecha torpemente jalando la campana y, aunque estoy a la vista, su gran esfuerzo por tocarla para avisarme que ha terminado, estiro las piernas para que me vea pero no la deja de hacer sonar con intensidad hasta que estoy de pie frente a él “aquí estoy abue” … “Ya terminé” me mira y yo no puedo saber a ciencia cierta si sabe a quién tiene en frente, pero confía.

Ya terminé… Pero no, no ha terminado.

Ola nocturna

El océano tornó cenizas.

Se vació, quedó sin sonrisas. 

El agua turbia mató los puentes, las palabras, subió niveles, ahogó la tierra que un día fue fértil.

Siempre habitó con frecuencia el silencio, hoy se levanta como asesina ola nocturna,

Increíble, en pleno mar abierto, frente al pedazo de madera frágil que soy.

Perdida, rota, empapada en llanto, empapada, en blanco.

Transito en el mundo… Sin que nadie se de cuenta que habito en una esfera de noche perpetua sin horizontes, convulsionando la superficie del mar abierto, ese, el que es mecido por las corrientes de dolor más profundo.

V.