Justo cuando pienso que ya no puede romperse más… resbala otro pedazo por el rabillo de mi ojo. Cierro los ojos y el fruto rojo se aprieta hasta desangrarse y quedar seco. Mis manos irracionales siguen buscando palillos y haciendo artísticamente “unos cuantos piquetitos” porque seguía vivo. Capacidad maravillosa de mirarlo con el mazo en las manos y, a la menor señal de vida, rematarlo, una, dos, tres mil veces, las que sean necesarias, no se qué quiero que quede de mi. Lienzo negro ya, insalvable, anestesiado, insensato, mudo. Autómata hábil, desamparada y frágil, qué difícil es tan solo pedirte un abrazo, pedirte transparente, que sueltes el arma o que te vayas corriendo a otras tierras donde mi color no exista, donde no haya olores, ni fotografías, una tierra donde el cielo no sea azul ni las montañas firmes… No… mejor no te vayas a esas tierras, porque a ellas ya estoy caminando yo… y ya bastante nos hemos encontrado Bastante nos rompimos, suficiente. Mi imaginación ya me puede ver las lágrimas recorriendo arrugas.
Basta.
Y no puedo aún soltar el mazo ni el palillo, necesito un huracán que no tenga tu inicial.
V.