Cerró la puerta detrás de su espalda, dejando el fresco de la mañana fuera, después del sonido metálico de bisagras la golpeó el aroma de pan tostado y la sutil espiga verde del olor a mate.
Se le cerraron los ojos, la nariz dibujó a mil colores un universo, su corazón galopó en el pasado, el tacto en sus manos pegó un grito exigiendo esperanzado, se cerró la garganta, esbozó una sonrisa, exhaló con cuidado para no romper ese tesoro frágil, olvidadizo, escurridizo, de cristal… cortado.
Abrió los ojos, inhaló otra vez, el galope se convirtió en paso y no sobre parqué, sobre piso laminado, se mordió el labio, ensanchó el pecho se ubicó presente se calmó cantando… volvió a la puerta, despidió con sonrisa triste a la niña azul hija de la nostalgia, se disculpó por no jugar con ella.
Con las manos mojadas abrazó el momento, apreció olores se dejó sonrisas y calor de hogar, de su hogar… en soledad.
V.