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domar al potro

24 feb

Manejando, para variar, al atardecer, para variar, y habiendo sido sometida a una terapia intensiva de recuerdos también intensos, me topé con el sol, rojo, redondo perfecto, que disimulado trazaba su partida detrás del volcán; regalándole al cielo tonos violetas y destellos en nubes. Interrumpió mi paisaje al volante una inmensa y preciosa bandera de México que colocaron recién en la entrada del pueblo en el que ahora vivo. “En el que ahora vivo…” Costumbres curiosas agarra una con el paso del tiempo, con el transcurrir de la vida… cuando me di cuenta, mi corazón ya tenía alas de plata y creo que siguen siendo ágiles como el viento, cualquier guiño extranjero me sigue cosquilleando el pecho.

Pensaba, con esa luz roja de día que se va, en el primer atardecer que no solo pasé, sino disfruté en aquel potro salvaje llamado Buenos Aires, recordé de pronto con una viveza conmovedora cómo inhalé y el pecho se me inflamó de felicidad, de presente, de orgullo, de vida, de alegría de meta alcanzada. Se me llenaron los ojos de lágrimas y, no frente al río de la plata, pero sí frente a mi recuerdo, concluí que dejar tu tierra por otra lejana es como domar un potro, aquella tierra por momentos te recibe como el cuerpo al virus, a veces eres tú el desubicado que cree que la ciudad es un virus… no, la ciudad Es y punto, son los límites en tu cabeza los que son retados hasta el extremo y es ese tira y jale, ese estira y afloja, lo que se siente como subirte a un potro salvaje. Pero no te caigas, aguanta… agárrate y aprende a amarlo, porque si te dejas llevar con él y dejas de pelear contra él entonces verás la belleza tan grande sobre la que estás montada, sobra describir lo que uno gana después de poder dar paseos hermosos sobre aquel nuevo ser, mirando nuevos atardeceres, nuevas sonrisas, nuevos sonidos, nuevos ojos, nuevos amores…

Sobrevivir esa expansión, para mi, es adictivo.

Sortear y aprender a vivir otra cultura e inyectártela en las venas, peor que nicotina.

Sentir que el corazón palpita y se muere por muchos que antes no imaginabas, por universos que para ti antes no existían, es literalmente el jugo más delicioso de la vida…

No pararé de cantar amor, por otras patrias, no solo aquella lejanísima que me recibió y me hizo crecer a golpes y besos de bandoneón, también por todas aquellas que me regalaron almas hermosas que me cuidaron y que me concedieron el honor de cuidarlas: Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela, Panamá, España…

Alguna vez se lo dije a una vieja amiga: “¿si no es la gente? ¿qué más vale la pena?”

Va con un beso de amor.

 

V.

 

Acerca de vanessa

Alguien con energía pensante o que al menos lo intenta hasta el cansancio. Que cada 22 días se inflama de expresar... de buscar formas y,
2 Comments

Publicado por en 24 febrero 2011 in Uncategorized (los huérfanos)

 

2 Respuestas a domar al potro

  1. El Soñante

    24 febrero 2011 at 20:13

    Nada más vale la pena, solo la gente que vive la vida para encontrar en ella a la alegria como a un tesoro que se busca con afán y desvelo.

    Un saludo desde http://lunare.wordpress.com/ ojala pueda pasar a dejar un comentario en mi blog, gracias de antemano.

     
  2. TONY

    24 febrero 2011 at 22:45

    Vane:

    Que hermoso!!!!!!!!, me siento tan orgullosa de ser parte de tu vida, de compartir contigo, tantos y tantos momento y recorrer este camino de la vida con tu mano cerca de la mia, que mi vida sin tu existir nunca habria tenido el sentido que tiene

    GRACIAS

     

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