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Cabrera

14 feb

No se a quién le pidió permiso tu corazón, estoy segura que no se lo pidió al mío… no se lo hubiera dado.

Detrás de esos grandes lentes de adulto mayor me enseñaste qué significa la Ética, con nadie más que contigo lloré todos mis dolores, nadie en mi vida me ha pasado tantos kleenex, recuerdo cuando una vez me dijiste “¿por qué te quiero tanto? si ni de mi familia eres” y yo solo sonreía de lado, a los 20 años una no sabe qué contestarle a un señor de más de sesenta, de a poco aprendí a quererte y a dejar de lado el odio que me generabas con todas tus preguntas, para mi gusto redundantes… eras mucho más que mi terapeuta.

Cabrera… “El Cabrera” tú solito te pusiste, yo en cambio te bauticé “Miyagui”, porque eso fuiste muchos años, mi maestro, cortaste la distancia de la mesa para ser mi amigo y rompiste el protocolo del manual para darme consejos, cómo no? me conocías todas, me confesabas todas las tuyas, tengo muchas frases tuyas incorporadas a mi librito de vida, ¿mi favorita? me da risa tu cinismo de ese día: “confeso nunca!!, aprendelo bien!: confesa nunca!” jajajaja me daba risa y sacudía las latas, tu aguja -o la mía- se volvía loca dentro de ese aparatito detector de mentiras. Tú, cienciólogo de cuerpo y alma, gran señor de las comunicaciones, viejito coqueto, nunca viejito, observador incisivo, ocurrente a más no poder, nunca se me va a olvidar el día que me dijiste “yo no tengo amigos pendejos” esa también me la copié y no solo eso, intento que sea totalmente cierta.

Esta noche, noche de 14 de febrero (maldito cliché) rompí el llanto incontrolable mirando la luna creciente en plena calle Morelos, cuando mi mamá dijo tu nombre completo y se le quebró la voz, nunca una noticia sorpresa había querido bloquear con tantas ganas, NO, dije, y no quise soltar el botón del radio… miré la luna por instinto y entonces tu nombre, y entonces el llanto, otro NO, la última vez que te vi yo estaba detrás del volante de una camioneta, tú para variar me aventaste un beso.

Mi madre te puso un moño, y te regaló a mi un febrero del 2000, derribaste mi barrera en cuestión de 3 sesiones, contigo aprendí el valor del intercambio, de quedar a mano… “algo te he de deber de la otra vida, porque a nadie audito gratis… pero contigo quiero hacerlo”.

Te largaste Cabrera y yo no te dije adios y yo no se por qué te estoy llorando tanto si ni de mi familia eras, tiene apenas 1 semana que me mandaste con mi mamá las pastillas de menta que me dabas después de sesión y me enterneciste, no puedo creer que te acordaras de esos detalles… hace más de 5 años que no me regalabas una y no te llamé para darte las gracias… y ya te fuiste…

No se, no se a quién le pidió permiso tu corazón para detenerse así como así, al mío, seguro que no…  y seguramente en la próxima nos tendremos que encontrar, para que te de las gracias.

… todas las gracias, de tanto…

Atte.

tu Piel Rojita.

 

Acerca de vanessa

Alguien con energía pensante o que al menos lo intenta hasta el cansancio. Que cada 22 días se inflama de expresar... de buscar formas y,
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Publicado por en 14 febrero 2011 in Uncategorized (los huérfanos)

 

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